miércoles, 6 de mayo de 2009

SIX FEET UNDER: DE LA METAFÍSICA A LA OBRA DE ARTE

Ayer vi el último capítulo de Six Feet Under y aún tengo un nudo en el estómago. Creo que no me equivoco al decir que la secuencia final pueden ser los minutos más emotivos de la historia de la televisión, cargados de una fuerza visual y sonora tan descomunal que, si has acompañado a los personajes a lo largo de las 5 temporadas, resulta imposible que no se te humedezcan los ojos. Si el final de Twin Peaks (que son los minutos más angustiantes, desconcertantes y “malrollistas” de la historia de la televisión) es el yin, el de Six Feet Under es el yang.

Parece increíble la facilidad con la que Allan Ball abarca los aspectos del ser humano y todo lo que le rodea: el amor y las relaciones en general, el trabajo, la familia, la religión, la locura, las drogas, la violencia…en resumen, la vida y la muerte. Y es que perfectamente podríamos estar hablando de un ensayo de metafísica y filosofía al que se le han añadido una funeraria, unos personajes y unas situaciones, pero que al fin y al cabo tratan de lo mismo: ¿Qué es la vida?, ¿Qué es el amor?, ¿Qué es el ser humano y qué hacemos en este mundo?, ¿Qué es la muerte y porque nos asusta? Evidentemente la serie no responde a ninguna de esas preguntas, pero sí que nos invita a una reflexión sobre ellas.

Para intentar explicar todo lo que es Six Feet Under necesitaría muchas líneas, y aun así no creo que llegase a transmitir la cantidad de sensaciones que despierta la serie. Lo único que si me gustaría destacar es el plantel de personajes, compañeros tan dispares como completos en éste viaje. A veces no necesitan hablar, tan sólo sentarse en la soledad. Otras veces basta con que se miren a los ojos. Unas veces tienen que gritar de tristeza, y otras tienen que estallar en carcajadas. La cuestión es que al final siempre consiguen meterte la mano en el pecho y tocarte. A veces te dejan con una sonrisa de idiota, y otras te revuelven las entrañas hasta dejarte con esa incomodidad interior, esa con la que después no puedes dormir.

Si de mí dependiese, establecería el visionado obligatorio de la serie, su gran premisa me parece fundamental en la sociedad actual: Vive la vida mientras la tengas, porque la muerte puede llegar en cualquier momento.

Una obra que transciende al propio medio para el que está hecho, una rara avis tan irrepetible como única, al fin y al cabo una obra de arte de las que nadie se debería perder.

Ya estoy echando de menos a los Fishers.

1 comentario:

  1. Despues de estas palabras solo puedo decir...

    ...necesito la primera temporada ya!

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